Política y otras irracionalidades

noviembre 2, 2017

Entendiendo los procesos mentales de la gente para explicar fenómenos de la vida diaria, el acontecer público y el análisis electoral.

¿Por qué las personas somos (des)honestas?

Del robo hormiga al saqueo del erario público.

Dan Ariely, la inspiración y la base para este artículo, describe en su documental (disponible en Netflix): (Dis)honesty; the truth about lies (2015), que su interés en las decisiones deshonestas se intensifico cuando se cachó a sí mismo haciendo trampa en un examen informal de IQ en un avión. Al igual que los estudiantes, no sentía que estaba haciendo trampa al modificar “tantito” una que otra pregunta. Sobre todo, aquellas en las que estuvo cerca de la respuesta correcta.

A partir de esa experiencia, comenzando en el 2002, realizó una serie de experimentos muy ingeniosos para entender la deshonestidad humana:

El experimento consistía en darle a personas en un salón de clases un cuestionario de 20 preguntas con problemas matemáticos complejos. Al terminar 5 minutos, se anunciarían las respuestas a los problemas, y las personas debían anotar en un papel adicional la cantidad de aciertos que tuvieron, por cada respuesta correcta, el investigador les daría $1 dólar. Por otro lado, la hoja con los problemas y sus respuestas se colocarían en una trituradora de papel, por lo que los investigadores no sabrían si reportaron las respuestas honestamente.

Lo que los sujetos del estudio no sabían, es que la trituradora dejaba intacta la parte media de los problemas, y los investigadores podrían analizar las respuestas (de manera anónima) y entender mejor la (des)honestidad. ¿Qué fue lo que encontraron de las 40,000 personas que hicieron este ejercicio?

  • El promedio de respuestas correctas fue de 4, el promedio de las respuestas correctas reportadas fue de 6.
  • El 70% de las personas hicieron algún tipo de trampa.
  • 20 personas (o el 0.005%) de las personas eran “grandes tramposos” y dijeron haber resuelto exitosamente las 20 preguntas. Le costaron al experimento $400 dólares.

Hubieron más de 28,000 “pequeños tramposos” que costaron alrededor de $50,000.

¿A qué nos recuerda esto?

Todos hemos escuchado acerca de los “grandes tramposos” en nuestro país, los gobernadores y funcionarios que han desviado cientos de millones de pesos. Esto es, y definitivamente debe de ser, un escándalo de enormes proporciones, sin duda alguna. Pero también los “pequeños tramposos”, que somos parte de la corrupción diaria del país le costamos $347,000 pesos cada año a México, según el Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO).

Estudios posteriores y teorías desarrolladas por especialistas en Behavioral Economics nos han dado algunas ideas adicionales acerca de la deshonestidad humana, sus causas y características:

La importancia de la racionalización y la creatividad

Los “pequeños tramposos”, en general, nos consideramos personas esencialmente buenas y honestas, por lo que nuestras mentiras suelen darse en un margen que nos permita vernos en el espejo de manera favorable a pesar de ello. A ese margen se le conoce como el factor “fudge”, y conforme crece se va haciendo más incómodo.

Este factor “fudge” se disminuye cuando buscamos racionalizaciones y excusas, algunas más creativas que otras, para nuestro comportamiento. Entre los factores más comunes se encuentran:

  • El creer que esa deshonestidad específica es común, o incluso socialmente aceptable (“todo el país da mordida en lugar de pagar una multa”)
  • Creer que no hay una víctima por la mentira (“es sólo un lápiz para mi hijo, en la oficina hay miles de lápices, no pasa nada”)
  • Conflictos de interés/ falta de supervisión (“le agrego tantito a la factura y me quedo una lana”)
  • Hacerlo por alguien más (“robo para darle a mi familia”)

Las mentiras chicas llevan a mentiras más grandes

Nuestro cerebro es un órgano muy adaptable, y en caso de mentir, no es diferente. Nos acostumbramos y generamos una tolerancia a la deshonestidad muy similar a como desarrollamos tolerancia al alcohol y las drogas. Una pequeña mentira puede llevar a mentiras más grandes, en cuestiones personales e incluso en contextos empresariales. Si bien existen algunos fraudes concebidos desde su comienzo, en muchas otras ocasiones los grandes escándalos comienzan con el deseo de “arreglar” un problema a corto plazo.

Podemos pensar aquí en casos de estudio empresarial tan famosos como el de Enron, que comenzó su colapso creando cuentas fantasma por cobrar y usando métodos contables muy “creativos” para arreglar temporalmente su contabilidad. Recientemente, han descubierto a cientos de vendedores de JP Morgan creando cuentas ficticias a nombre de sus clientes, para “ayudar” sus números de ventas. Estos dos casos comenzaron con el deseo de cubrir por un cuarto fiscal sus números, y al no mejorar las cosas, las mentiras y el fraude fueron creciendo poco a poco hasta explotar y crear un caos y ruina económica de enormes proporciones.

El ámbito social es fundamental para la (des)honestidad

La percepción que tenemos acerca de la deshonestidad en el resto de la sociedad es un determinante fundamental en nuestro propio comportamiento y nuestra propia honestidad. No es coincidencia que nuestra percepción de la corrupción en México (según Trasparencia Internacional) haya aumentado, al mismo tiempo que lo que cuesta la corrupción al país ha aumentado también. Si bien determinar causa y efecto sólo de estos datos es complicado, hay estudios adicionales que sugieren que esta percepción al menos ayuda a propiciar un círculo vicioso de deshonestidad en la sociedad.

Conociendo un poco más acerca de la deshonestidad, ¿qué podemos hacer para disminuir la corrupción en México, y el mundo?

Claramente, este es un problema multifactorial muy complejo; ya que incluye factores internos (nuestras excusas y justificaciones), externos (falta de supervisión, conflictos de interés), sistémicos/sociales, y que incluso funciona en nuestra mente y nuestras organizaciones como una adicción. Sin embargo, hay algunas medidas que se pueden tomar con base en estas ideas y estudios, cuyos insights se pueden aplicar en el futuro a varias situaciones donde exista la corrupción y/o deshonestidad.

Por ejemplo, los expertos en aplicación de ciencias de conducta humana a políticas públicas de la OCDE, expusieron en su reporte “Behavioural Insights and Public Policy” (2017) los siguientes casos de éxito (entre cientos otros) realizados en diferentes países que han tenido un impacto positivo en temas de deshonestidad.

Un estudio sobre inclusión financiera realizado en Ghana (pg. 161 del reporte) encontró que la transparencia y estandarización en la información financiera puede reducir la venta de instrumentos financieros innecesarios a usuarios de nivel socioeconómico bajo. Esto con la intención de reducir la deshonestidad causada por conflictos de interés entre las instituciones financieras, sus vendedores y sus clientes.

En otro artículo adicional, Jonathan Rush, (“The Social Psychology of Corruption, OCDE Integrity Forum 2016), sugiere que las organizaciones deben crear y apoyar una cultura de seguridad psicológica donde sus miembros puedan identificar y llamar la atención a problemas de este tipo sin miedo a represalias. Es decir, fortalecer las instituciones y empoderar a los ciudadanos a reportar casos de corrupción, grandes y chicos, puede ser una de las mejores maneras de combatirla.

El Behaviuoral Insights Team (“Behavioural Insights Team: Update Report 2015-2016”) de Reino Unido ha hecho estudios para aumentar la recaudación fiscal. Una de las maneras más exitosas que ha encontrado para hacerlo es recordándole a sus ciudadanos que la mayoría de las personas paga sus impuestos a tiempo. Este recordatorio de la norma social de pagar impuestos funciona porque hace el evadir impuestos una conducta anómala, lo que no le permite al contribuyente justificar su evasión fiscal con ese pretexto social.

Conforme pasan los años, se realizan cada vez más estudios en las áreas de ciencias conductuales que nos ayudarán a reducir la corrupción y la deshonestidad a través de políticas públicas cada vez más efectivas. Si desean implementar alguna en su organización o ciudad, no duden en contactarnos.

 

Jorge Dryjanski Lerner
Es socio-director de Irrational Company, conferencista, escritor y director del nuevo Diplomado en Behavioral Economics, que comenzará próximamente en la Universidad Anáhuac Norte en la Ciudad de México.  

Contáctame en:
jorge@irrational.ly
www.irrational.ly

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