Ojos que no ven

noviembre 1, 2017

Cuando se hizo público que el Congreso Nacional Indígena propondría la creación del Concejo Indígena de Gobierno y que lanzarían a la vocera de dicho concejo como candidata independiente para la presidencia de la República Mexicana, pude sentir, sin comprender aún, la importancia que tendría. A poco más de un año, puedo decir que con pocas cosas he batallado tanto como lo hice al escoger el enfoque que tomaría este escrito.

Lo primero fue querer investigar, escuchar y tratar de comprender de qué va la candidatura, la candidata y el Concejo que la propone. Escuché la intervención que tuvo en el seminario Los Muros del Capital, Las Grietas de la Izquierda, además de diversas entrevistas que le hicieron. Luego fue querer hablar de la emoción que me dio al escucharla. Al oírle nombrar las luchas de mujeres de comunidades que van desde Yucatán hasta Michoacán, al oirle hablar de lo que significa ser mujer en este país y cómo el propósito de la candidatura no es llegar al poder, si no utilizar las herramientas que la clase política ha creado para sí misma y sacarle provecho a nombre del pueblo.

Lo segundo fue leer la reacción de la gente. Las palabras elitistas, racistas, clasistas, machistas y llenas de odio que invaden los comentarios de cada video, imagen o post en el que figura María de Jesús Patricio. Después, fue querer hablar de cómo me hervía la sangre y se me nublaba la vista de tristeza al leer cada frase ignorante que le dejaban. Se me rompió el corazón, se me rompió la patria y se me rompieron las ganas de escribir de ello, se me rompieron las palabras.

Ahí fue donde me encontré. En silencio, observando, aprendiendo. Así que por último, intenté comprender de dónde venía tanto menosprecio, tanto odio. Dejando a un lado mis ganas de hablar de ello, reflexioné sobre mis propios privilegios y sobre el papel que estos me llevan a cumplir en esta sociedad tan enferma de la que soy parte.  Me di cuenta que lo que pasa es que nos da miedo.

Nos da miedo encontrarnos reflejados en ella. La verdad no peca pero ¡ah, cómo incomoda! y Marichuy vino a enfrentarnos con nuestras verdades: ninguno de nosotros se quiere ver en ese espejo porque sabemos perfecto lo que significa ser mujer, ser indígena y ser pobre y peor aún, nadie quiere ver cómo esa mujer indígena y pobre está haciendo más por cambiar la manera en la que funciona este país, que cualquiera de nosotros.

Si Marichuy consigue las más de 866 mil firmas necesarias para obtener un lugar en la boleta electoral de 2018, habría alguien que realmente represente lo que somos como Mexicanos. Todo eso que nos brotó como manantial para limpiarnos las heridas, toda la fuerza y unidad que pudimos observar y de la que fuimos parte después del 19 de septiembre.

La candidatura de Marichuy Patricio no es sólo de ella, ni del EZLN ni del Concejo Indígena de Gobierno, es de todos. De todos los mexicanos que estamos hartos y de todos los que vemos nuestra lucha, nuestro descontento y nuestra patria reflejada en el rostro de una mujer sencilla, humilde y sobretodo real, tan real como cada uno de nosotros.

 

Andrea Constantino
Twitter @andreacc89
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